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Estudios Bíblicos

LA MUJER EN LA BIBLIA PDF Imprimir E-mail

Preparado por:
Pastor: Jairo Antonio Marín Leiva  (Secretario Nacional)

En justicia hay que decir que la gente en el Israel Bíblico consideraba que los hombres eran más importantes que las mujeres. El padre o varón de más edad en la  familia tomaba las decisiones que afectaban a toda la familia, mientras que las mujeres tenían casi nada que decir al respecto. Esta forma patriarcal  (centrada en el padre) de la vida familiar estableció el  tono para la manera en que se trataba a la mujer en Israel.

Por ejemplo, se criaba a la niña para que obedeciera a su padre sin preguntar. Cuando se casaba debía obedecer a su marido de la misma manera. Si  s divorciaba o enviudaba, con frecuencia regresaba a vivir en la casa de su padre. 

Es más, Levítico 27:1 – 8  sugiere que la mujer valía solo como la mitad del hombre. Por eso una niña era menos bienvenida que un niño. A los niños se les se les enseñaba a tomar decisiones y a presidir sobre sus familias. A las niñas se les criaba para que  se casaran y tuvieran hijos.

Una joven ni siquiera pensaba en su carrera fuera de su casa. Su madre a preparaba para que cuidara su casa y criara a sus hijos. Se esperaba que fuera ayuda para su esposo y que le diera muchos hijos. Si una mujer no tenía hijos, se la consideraba bajo maldición. (Gn. 30: 1 – 2, 22; 1 S 1:1- 8)

Sin embargo la mujer era mucho más que un simple objeto para comprar o vender. Tenía una función importante que desempeñar. Proverbios 12:4 dice: “la mujer virtuosa es corona de su marido; mas la mala, como carcoma en sus huesos”. En otras palabras, una buena esposa es algo bueno para su marido;  lo ayuda, lo cuida y hace sentirse orgulloso.  Pero una mala esposa es peor que un cáncer; podría dolorosamente destruirlo y convertirlo en mofa. Una esposa puede determinar que su marido tenga éxito o fracase.

Aún cuando la mayoría de mujeres pasaban sus días como esposas y madres, hay algunas excepciones. Por ejemplo Miriam, Débora, Hulda y Ester fueron mucho más que buenas esposas; fueron líderes políticas y religiosas que demostraron que podían dirigir a la nación tan bien como cualquier hombre.

 

I. LA MUJER DESDE LA PERSPECTIVA DE DIOS

Hacia el final del primer capítulo de Génesis leemos: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creo; varón y hembra los creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y le dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se muevan sobre la tierra”. Este pasaje muestra dos cosas  en cuanto a la mujer. Primero que la mujer al igual que al hombre fue creada  a imagen de Dios. Dios no creó a la mujer para que fuera inferior al hombre; ambos son igualmente importantes.

Segundo, se esperaba que la mujer tuviera igualmente autoridad sobre la creación. El hombre y la mujer deben participar igualmente sobre esa autoridad, no le pertenece solo al hombre. 

Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para el” (Gn. 2:18).

Así que Dios “hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de sus costillas” (Gn. 2:21). Dios usó esa costilla para formar a Eva. Este relato muestra cuan importante es la mujer para el hombre; es parte de su propio ser, y sin ella el hombre está incompleto.

Pero Adán y Eva pecaron, y Dios le dijo a Eva: “tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti” (Gn. 3:16). En tiempo del Nuevo Testamento el apóstol Pablo les dijo a las esposas cristianas que “estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor “(Ef. 5:22). Pro aún cuando la mujer debía estar sujeta a su marido, no era inferior a él. Sencillamente quería decir que debía estar dispuesta  a dejar que él dirija. Es más, Pablo pidió sumisión de parte de ambos, tanto del esposo como de la esposa: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Ef. 5:21). En otra carta Pablo claramente indicó que no hay diferencia en la situación en la situación en Cristo en Cristo entre el hombre y la mujer. “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gá. 3:28)

 

II. LA POSICIÓN LEGAL DE LA MUJER

La posición legal de la mujer en Israel era más débil que la del hombre. Por ejemplo, el hombre podía divorciarse de su esposa si hallaba en ella “alguna cosa indecente”, pero la esposa no podía divorciarse de su marido por ninguna razón (Dt. 21:1 – 4). La ley establecía que si se sospechaba que una mujer casada había tenido relaciones sexuales con otro hombre, ella debía someterse a un examen de celos (Nm. 5:11 – 31).

Sin embargo, no había tal examen para hombre de quien se sospechaba haber sido infiel con otra mujer. La ley también decía que el hombre podía hacer un voto religiosa y era obligatorio; pero el voto hecho por la mujer, podía ser cancelado por el padre o (si era casada) por su esposo (Nm. 30: 1 – 15) El padre de una mujer podía venderla (Ex. 21:7) y ella no podía salir libre después de seis años, como podía hacerlo el hombre (Lv. 25:40). Por lo menos en un caso un hombre ofreció a su hija para que la turba la usara sexualmente (Jue .19:22 – 25)

Pero algunas leyes sugieren que los hombres y las mujeres debían ser tratados como iguales. Por ejemplo, los niños debían tratar a ambos padres con igual respeto y reverencia (Ex 20:12). Al hijo que desobedecía o maldecía a cualquier padre debía castigársele (Dt 21:18 – 21). Si se sorprendía a un hombre y a una mujer en el mismo acto de adulterio, ambos debían morir (Dt 22:22). (Es interesante notar que cuando los fariseos arrastraron a la adúltera ante Jesús querían apedrearla, ya habían violado la ley al dejar que el hombre se escapara; Juan 8:3 – 11)

Otras leyes bíblicas ofrecían protección a la mujer. Si un hombre  tomaba otra esposa, todavía estaba obligado por la ley a dar alimento y vestido a su primera esposa, y a continuar teniendo relaciones sexuales con ella (Ex 21:10). Incluso cuando se tomaba cautiva a una mujer extranjera como esposa de guerra, ella tenía ciertos derechos: Si su esposo se cansaba de ella, debía darle la libertad (Dt 21:14). A cualquier hombre encontrado culpable de haber violado una mujer debía apedrearle hasta  la muerte. (Dt 22:25 – 27)

Puesto que Israel era una sociedad dominada por el varón, algunas veces se hacían a un lado los derechos de las mujeres. Jesús habló sobre un viuda que había hostigado  a un juez  que no quería usa su tiempo para escuchar su lado del caso. Debido a que no quería que lo siguiera fastidiando, el juez finalmente accedió a los deseos de ella (Lc. 18:1 – 8). Como tantas  otras de las historias que relato Jesús, esto era algo que realmente pudo haber ocurrido, y tal vez ocurrió.

A pesar de esto a las viudas también se les otorga ciertos privilegios especiales. Por ejemplo, se les permitía espigar en los campos después de la siega (Dt 24: 19 – 22) y participar de una porción de diezmo del tercer año con el levita (Dt 26:12). Así que a pesar de su situación legal más débil, las mujeres en efecto disfrutaban de ciertos derechos especiales en la sociedad judía.

           

III. LA MUJER EN LA ADORACIÓN

A las mujeres se les consideraba miembros de la “familia de la fe”. Como tales podrían entrar en la mayoría de las áreas de adoración.

 

La ley ordenaba a todos los hombres a que aparecieran ante el Señor tres veces al año. Al parecer las mujeres iban con ellos en algunas ocasiones (Dt 29:10; Neh. 8:2; j....2:13, 15,16), pero no se exigía que fueran. Tal vez no se les exigía que fueran debido a sus deberes importantes como esposas y madres. Por ejemplo, Ana fue a Silo con su esposo y le pidió al Señor un hijo (1 S 1:3 – 5). Más tarde cuando nació el niño, ella le dijo a su esposo: “Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová y se quede allá para siempre (v. 22)

Como jefe de familia el esposo o padre presentaba los sacrificios y ofrendas al hombre de la familia entera (Lv. 1:2). Pero la esposa también podía estar presente. Las mujeres asistían a la Fiesta de los Tabernáculos (Dt 16:13 – 14). La fiesta anual del Señor (Jue 21:19 – 21) y el festival de luna nueva (2 R 4:23).

Un sacrificio que solo las mujeres podían ofrecer  al Señor era ofrecido después del nacimiento de un hijo: “Cuando lo días de su purificación fueron cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomito o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote” (Lv. 12:6).

En los tiempos del Nuevo Testamento la mujer judía era tal vez menos activa en la adoración en templo o la sinagoga que antes. Aunque había un lugar especial en el templo conocido como “el atrio de las mujeres”, no se les permitía entrar en los atrios interiores. Fuentes fuera de la Biblia indican que las mujeres no leían la Torah ni elevaban oraciones en la sinagoga; pero sí podían sentarse y escuchar desde la sección especial de las mujeres.

Un cuadro diferente se presenta en la iglesia cristiana primitiva. Lucas 8:1 – 3 indica que Jesús recibió bien algunas mujeres como compañeras de viaje. Animó a Marta y a María a sentarse a sus pues como sus discípulos (Lc. 10:38 – 42). El respeto de Jesús por las mujeres fue algo impresionantemente nuevo.

Después que Jesús  ascendió al cielo, varias mujeres se reunieron con los otros discípulos para orar en el aposento alto. Aun cuando las Escrituras no lo dicen específicamente, estas mujeres probablemente oraban audiblemente en público. Tanto hombres como mueres se reunieron en casa de la madre de Juan Marcos para orar por en el aposento alto. Aun cuando las escrituras no lo dicen específicamente, estas mujeres probablemente oraban audiblemente en público. Tanto hombres como mujeres se reunían en casa de la madre de Juan Marcos para orar por la liberación de Pedro (Hch. 12:1 – 17), y tanto hombres como mujeres oraban en la iglesia en Corinto (1 Co. 11:2 – 16). Es por eso que el apóstol Pablo  dio instrucciones tanto a hombres como a mujeres respecto a cómo orar en público.

Esta libertad de las mujeres era tan revolucionaria que causó algunos problemas dentro de la iglesia. Pablo, por consiguiente, dio a algunas congregaciones al principio  pautas respecto al papel de la mujer. Escribió: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no loes es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación” (1 Co 14:34 – 35)

En otra carta de Pablo escribió: “La mujer aprenda en silencio con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. (1 Tim 2:11 – 12). Las opiniones difieren respecto a qué impulsó a Pablo a escribir estas cosas y hasta qué punto ellas constituyen una regla para los cristianos hoy. Ciertamente, sin embargo, Pablo estaba corrigiendo una conducta desordenada de su día.

Varias mujeres de la Biblia fueron famosas por su fe. Incluidas en la lista de fieles en Hebreos 11 se hallan dos mujeres: Sara y Rahab. Ana fue un ejemplo  piadoso de la madre israelita. Oró a Dios, creyó que Dios oyó sus oraciones, y cumplió su promesa a Dios. Su historia se halla en 1 Samuel 1. La madre de Jesús, María, también fue una mujer buena y piadosa. Es más, María debe haber recordado  el ejemplo de Ana, porque su canto de alabanza a Dios (Lc. 1:46 – 55) fue muy similar al de Ana (1 S 2:1 – 10). El apóstol Pablo  le recordó a Timoteo la bondad de su madre y abuela. (2 Tim 1:5)

Pero para ser justos, las escrituras no indican que las mujeres  no estuvieran más interesadas  en el ocultismo que en los hombres. Varias referencias bíblicas a mujeres involucradas en lo oculto. (ej.  2 R 23:7; Ez 8:14; Os 4:13 – 14) claramente implican que también los hombres participaban. En las cuatro ocasiones en que se menciona la hechicería en el libro de Hechos, solo en una ocasión interviene una mujer (Hch. 8:9 – 23; 13:4 – 12)

 

IV. LA MUJER EN LA CULTURA DE ISRAEL

En la sociedad israelita se daba por sentado que el lugar de la mujer estaba en el hogar. Se esperaba que ella encontrara realización y satisfacción en la vida como esposa  y madre. Evidentemente la mujer judía aceptaba ese papel con agrado.

A.   La esposa ideal. Todo hombre quería hallar una esposa apropiada, que le dé “bien y no mal todos los días de su vida” (Pr 31:12). ¡Ningún hombre quería una esposa que fuera mandona o que le gustaba pelear!. Proverbios 19:13 comprobaba a la mujer rencillosa con una gotera continua de lluvia sobre la cabeza de la persona. Es más “Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda” (Pr 21:19)

¿Qué cualidades hacían la “esposa ideal” en el antiguo Israel? ¿Qué cualidades buscaban los padres en la esposa para su hijo? ¿Qué cualidades trataba una madre de inculcar en su hija para prepararla para ser una buena esposa y madre?

La mayoría de estas cualidades se describen  en un interesante poema en Proverbios 31. El poema es un acróstico; en otras palabras, cada versículo empieza con una letra diferente del hebreo en orden alfabético. Podríamos llamar a este pasaje: “El ABC de la esposa ideal”.

De acuerdo a este poema, la esposa ideal tiene muchos talentos. Sabe como manejar su casa y proveer para su familia. (vv. 13, 15, 19,22). Nunca desperdicia su tiempo, sino que lo usa en las tareas más importantes (v. 27). Tiene la habilidad para ver lo que necesita hacerse y para hacerlo. Tiene buena comprensión de los negocios, sabiendo cómo comprar y vender sabiamente (vv. 16,24). Sin embargo, no es egoísta.

Ayuda al necesitado y aconseja a los que son menos sabios (v. 26). También tiene una profunda reverencia hacia Dios  (v.30). Trata por todos modos de ser una “ayuda idónea” para su marido. El poema sugiere que cuando ella hace todas estas cosas, su marido será exaltado en un lugar de importancia a ojos de la comunidad (v. 23)

Un bosquejo más breve de lo que hace una esposa ideal se halla en Eclesiástico 26:13 -16: “El encanto de la mujer alegra a su esposo, y si es sensata, le hace prosperar. Una mujer discreta es el regalo del Señor; una persona educada no tiene precio. Una mujer modesta es el mayor encanto: nada vale tanto como una persona reservada. Como el sol que brilla en lo alto del cielo, así es la mujer hermosa en un hogar bien cuidado” (LVP)

B.   La belleza de una mujer. Cada sociedad tiene sus propias normas de belleza física. Algunas culturas asocian la belleza con gordura mientras que otras favorecen la delgadez. Es difícil saber qué es lo que pensaban los hebreos antiguos en este respecto.

A la mayoría de las mujeres atractivas que se mencionan en la Biblia no se las describe en detalle. El escritor por lo general sencillamente indica que la mujer era “hermosa”. El concepto bíblico de belleza queda abierto a diferentes interpretaciones.

Tómese, por ejemplo, la afirmación de que “los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y de hermoso parecer” (Gn. 29:17). Algunos eruditos piensan que la palabra hebrea para “delicados” se pudiera traducir como “tiernos y encantadores”. Si es así, entonces eso pudiera significar que cada hermana era hermosa a su manera. Lea tal vez tenía ojos hermosos, mientras que Raquel tenía un cuerpo hermoso.

Las descripciones más extensas de una mujer hermosa se hallan en el Cantar de los cantares; pero incluso allí no siempre nos dan mayor iluminación. El poeta usa una larga serie de símiles y metáforas para describir a la mujer, y algunas veces la técnica poética se interpone en la descripción. Por ejemplo, sus dientes son blancos, como manada de ovejas, ninguna de ellas estéril. Sus labios son como hilo de grana (Cnt 4: 2 – 3)

Se dice que algunas mujeres  más importantes del Antiguo Testamento fueron bellas. A Sara (Gn. 12:11). Rebeca (Gn. 26:7) y Raquel (Gn. 29:17), se las describe de esta manera. David fue tentado a adulterar con Betsabé porque ella era hermosa (2 S 11: 2 – 3). Tamar, la hija de David, fue violada por su medio hermanos Amnón debido a su belleza (2 S 13:1). Tanto Absalom como Job tenían hijas hermosas (2 S 14:27; Job 42:15). El conflicto entre Salomón y Adonías para suceder a David  como rey llegó a su fin cuando Adonías pidió casarse con la hermosa Abisag. Su petición no solo le fue negada, sino que le costó la vida (1 R 1:3 – 4; 2:19 – 25)

Los judíos que vivieron durante el período persa fueron salvados por una hermosa judía llamada Ester (véase el libro de Ester)

Por supuesto, no todas las mujeres eran naturalmente hermosas, pero las ricas podían mejorar su apariencia mediante vestidos costosos, perfumes y cosméticos. El profeta Ezequiel dijo que la nación de Israel era como una joven que se había bañado y perfumado. Vestía ropas costosas y zapatos de cuero.

Dios le dijo a la nación: “Te atavié con adornos, y puse brazaletes en tus brazos y collar a tu cuello. Puse joyas a tu nariz, y zarcillos en tus orejas, y una hermosa diadema en tu cabeza. Así fuiste adornada de oro y de plata , y tu vestido era de lino fino, seda y bordado; comiste flor de harina de trigo, miel y aceite; y fuiste hermoseada en extremo, prosperaste hasta llegar a reinar” (Ez 16:11 – 13). Hay incluso una lista más extensa de joyería en Isaías 3:18 – 23), incluyendo redecillas, lunetas, collares, pendientes, brazaletes, anillos y joyeles en la nariz. Los arqueólogos han hallado algunos de estos artículos.

Jeremías se refirió a otra práctica común en su día. Las mujeres se pintaban alrededor de los ojos  para hacerlos más notorios (Jer. 4:30), otras mujeres se ponían peinetas enjoyadas para parecer más bonitas. Se han hallado muchas de esas peinetas y cientos de espejos, que se remontan a fechas muy antiguas de los tiempos bíblicos.

Pero hay dos clases de belleza: la belleza externa y la interior de una personalidad agradable.  Las escrituras advierten a hombres y mujeres a no conceder demasiada importancia a los rasgos físicos y a los vestidos costosos. 

Un sabio dijo: “Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa y apartada de la razón” (Pr 11:22). Otro escribió: “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová ésa será alabada” (Pr 31:30). Pedro y Pablo les dijeron a las mujeres de su día que se preocuparan más por la belleza interior que por la apariencia externa (1 Tim 2:9 – 10; 1 P 3:3 – 4)

C.   La mujer como compañera sexual. Era contrario a la ley que una mujer soltera tuviera relaciones sexuales. Debía permanecer virgen hasta después de la ceremonia de bodas. Si alguien podía demostrar que ella no era virgen cuando se casó, se traía a la puerta de la casa de su padre y los hombres de la ciudad la apedreaban hasta que muriera.  (Dt 22:20 – 21)

La relación sexual era una parte importante de la vida matrimonial. Dios había ordenado que se disfrutara de la relación sexual en el lugar apropiado y entre las personas apropiadas: cónyuges casados entre sí. Los judíos consideraban muy seriamente esto, al punto que el recién casado quedaba libre de sus obligaciones militares o de negocios por un año entero, “para alegrar a la mujer que tomó” (Dt 24:5). La única restricción era que los cónyuges  no podían tener relaciones sexuales durante el período mestrual de la mujer (Lv. 18:19)

Tanto marido como esposa debían disfrutar de la relación sexual. Dios le dio a Eva: “tu deseo será para tu marido” (Gn. 3:16). En Cantares se muestra a la mujer siendo agresiva, besando a su esposo y llevándolo al dormitorio. Expresa su amor por él, vez tras vez, y le insta a disfrutar de su relación física (Cnt 1:2; 2:3 – 6, 8,10)

En tiempos del Nuevo Testamento había un desacuerdo en la iglesia de Corinto respecto a la función de la relación sexual. Algunos, al parecer, pensaban que se podía disfrutar de todo en la vida, así que cualquier cosa que uno quisiera hacer sexualmente debía estar bien, incluyendo el adulterio, la prostitución y actos homosexuales. Otros pensaban que la relación sexual era mala y que uno debería tener relaciones físicas de ninguna manera, ni siquiera con la propia esposa.

Pablo le recordó a los corintios que el adulterio y la homosexualidad eran pecados que debían evitarse (1 Co 6:9 – 11), pero también dijo que los esposos y esposas debían disfrutar juntos del don divino del sexo. La instrucción de Pablo fue: “El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y así mismo la mujer con el marido… No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que nos os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1 Co 7:3,5)

D.   La mujer como madre. En tiempos antiguos sin el beneficio de las medicinas modernas y analgésicos, el alumbramiento era una experiencia muy dolorosa. Es más, muchas madres morían al dar a luz  (ej. Gn. 35:16 – 20; 1 S 4:19 -20). A pesar de estos peligros, la mayoría de las mujeres querían de todas maneras tener hijos.

Para la mujer hebrea era de extrema importancia ser una buena esposa y madre. El mayor honor que podía haber recibido una mujer sería dar a luz al Mesías. Difícilmente podemos imaginarnos la emoción de María cuando el ángel Gabriel la saludó con las palabras: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres” (Lc. 1:28). Luego él le dijo que sería la madre del Mesías. La salutación que María recibió de Elizabet fue similar (Lc. 1:42)

E.   El trabajo de la mujer. Según las normas actuales no consideraríamos la vida diaria de la mujer israelita promedio haber sido muy estimulante. Se caracterizaba por arduo trabajo y largas horas,

Se levantaba cada mañana antes de todos los demás, encendía el fuego  en la estufa o en el horno. El principal alimento de la dieta de los judíos era el pan. Es más, la palabra hebrea para pan (lejem) era sinónimo de alimento. Una de las tareas de la esposa y madre era, entonces, moler el grano para hacer harina. Esto consistía en varios pasos. Obviamente ella no tenía ninguno de los aparatos eléctricos que hay disponibles hoy, así que todo su trabajo tenía que hacerlo a mano.

Usaba espinas, rastrojos o incluso  majada (estiércol) animal como leña. Los niños generalmente tenían la responsabilidad de hallar leña; pero  no tenían suficiente  edad como para salir de la casa, la mujer tenía que encontrarlo por si misma.

Toda casa necesitaba agua. Algunas familias cavaban sus propias cisternas para almacenar agua lluvia; pero con más el agua procedía de un manantial o pozo en medio del pueblo. En le Antiguo Testamento se mencionan unas pocas ciudades que se construyeron alrededor de fuentes de aguas subterráneas; Meguido y Hazor fueron dos de estas ciudades. En Hazor una mujer debía caminar por las calles hasta un pozo profundo. Luego debía descender nueve metros en cinco secciones de escalones hasta el túnel del agua, y allí descender hasta el nivel del agua para llenar su cántaro.

Necesitaba ser considerablemente fuerte para poder subir por las escaleras llevando el cántaro lleno de agua. Pero no era del todo malo. El recorrido para acarrear agua le daba la oportunidad de hablar con las otras mujeres de la población. Las mujeres con frecuencia se reunían alrededor de la fuente de agua al atardecer o temprano en la mañana para intercambiar noticias y conversar (Gn. 24:11). La mujer junto al pozo en Sicar sin duda vino al medio día porque las otras mujeres de la población no querían tener nada que ver con ella, debido a su vida libre, así que la despreciaban (Jn. 4:5 – 30).

También se esperaba que la esposa hiciera la ropa de la familia. Había que amamantar a los niños pequeños, vigilarlos y limpiarlos. Conforme los niños crecían, la madre les enseñaba buenos modales. También enseñaba a las hijas mayores a cocinar, coser y hacer las demás cosas que una buena esposa israelita tenía que saber.

Además, se esperaba que la esposa ayudara en la siega (Rut 2:23). Además, preparaba algunos de los productos, como aceitunas y uvas para almacenarlos. Así que su rutina diaria debía ser sensible lo suficiente como para incluir estas otras tareas.

  

V.  MUJERES LIDERES EN ISRAEL

La mayoría de las mujeres israelitas nunca llegaron a ser líderes públicos, pero hubo excepciones. Las escrituras registran los nombres y obras de varias mujeres que llegaron a ser prominentes en asuntos políticos, militares y religiosos.

A.     Heroínas militares. Las dos heroínas militares más famosas mencionadas en el Antiguo testamento son Débora y Jael; ambas tuvieron parte en la misma victoria. Dios habló por medio de Débora para decirle a un general llamado Barac cómo derrotar a los caneos. Barac aceptó atacarlos, pero quería que Débora fuera con él a la batalla. Así lo hizo, y los caneos fueron oportunamente derrotados, sin embargo, el general cananeo Sísara se escapó a pie. Jael lo vio, salió a recibirle, y le invitó a entrar a su tienda. Allí él se quedó dormido. Mientras él dormía, Jael entró y le atravesó las sienes con una estaca de la tienda, matándolo (Jue 4 – 5)

Varías mujeres ayudaron a defender las ciudades de Tebas contra los atacantes. El líder del ataque, Abimelec, se acercó a la torre de la ciudad para incendiarla. Una de las mujeres lo vio y dejó caer una piedra de molino sobre la cabeza del hombre. La pesada piedra aplastó el cráneo de Abimelec. En su agonía, le ordenó a su escudero: “Saca tu espada y mátame, para que no se diga de mi: Una mujer lo mató” (Jue 9:54). El ataque se suspendió. Generaciones posteriores le atribuyeron a aquella mujer no identificada el crédito por la victoria (2 S 11:21)

B.    Consejeras. La mayoría de poblaciones tenían personas sabias a las que otros con frecuencia solicitaban consejo. La corte real tenía muchos consejeros o asesores. Aún cuando no hay referencias bíblicas que mencionen mujeres asesoras del gobierno, hay varios ejemplos de mujeres sabias en las poblaciones.

Cuando Joab, comandante en jefe del ejército de David, quería reconciliar a David por su hijo Absalom, buscó la ayuda de una mujer sabia de Tecoa. La mujer pretendió ser una viuda con dos hijos. Dijo que el uno mató al otro en un arranque de ira, y que el resto de la familia quería matar al hijo vivo. David escuchó la historia y dictaminó que ella tenía derecho de perdona a su segundo hijo. Entonces la mujer señaló al rey que no estaba practicando lo que predicaba, porque no había perdonado a Absalom por un crimen similar. David vio su equivocación, y permitió que Absalom regresara a Jerusalén (2 S 14:1 – 21)

Otra mujer sabia salvó a su pueblo de la destrucción. Un hombre llamado Seba incitó una revuelta contra el Rey David. Cuando esta fracasó, Seba huyó y se escondió en la ciudad de Abel. Joab, el general del ejército de David, la rodeó y se preparaba para atacarla cuando una mujer sabia de la ciudad apareció sobre la muralla y pidió hablar con él. Le recordó cuán importante había sido su pueblo para Israel; le dijo que él estaba tratando de destruir una ciudad que era “madre de Israel”, Así que acordaron un plan. Si mataban a Seba, Joab no atacaría a la ciudad. La mujer sabia regresó y les contó el plan a los pobladores. Mataron a Seba y vieron que Joab y su ejército se retiraban (2 S 20)

F.    Líderes religiosas.  En Israel Dios no ordenó sacerdotisas. Una mujer no podía, en ningún caso, llegar a ser sacerdote  debido a que su ciclo mensual la hacía impura. El ministerio sacerdotal estaba restringido a los descendientes varones de Aarón. Sin embargo, la mujer podía desempeñar otras tareas rituales. (Ex 38:8; 1 S 2:22). También participaban en otras formas de ministerio y adoración pública.

Hubo también mujeres que sirvieron como profetizas, o sea, portavoces de Dios. Una de las profetizas hebreas  más notorias fue Hulda, mujer de Salud. Sirvió activamente en el ministerio en los días del Rey Josías. Cuando se halló en el templo el libro de la Ley, los líderes religiosos acudieron a ella para preguntarle lo que Dios quería que la nación hiciera. La nación entera, incluyendo el rey Josías, trataron de obedecer sus instrucciones al detalle, porque estaban seguros que Dios había hablado por medio de ella. (2  R 22:11 – 23:25)

Hay otras profetizas que se mencionan en el Antiguo Testamento, incluyendo a Miriam (Ex 15:20). Débora (Jue 4:4), y la esposa de Isaías (Is. 8:3). El Nuevo Testamento informa que Ana y las hijas de Felipe eran profetizas, pero no sabemos casi nada más en cuanto a sus vidas o sus mensajes (Lc. 2:36; Hch. 21:9)

Algunas mujeres usaron el talento musical que Dios les había dado. Miriam y otras mujeres elevaron el canto de alabanza a Dios después de que los israelitas fueron librados de los egipcios  (Ex 15:20 – 21). Cuando Dios ayudó a Débora y Barac a derrotar a los cananeos, un dúo de victoria (Jue 5:1 – 31). Tres hijas de Hemán también servían en la música; y según 1 Crónicas 25:5 lo hacían en el templo.

En la iglesia en Cencrea había una diaconisa llamaba Febe, de quien Pablo dijo que “ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo” (Ro 16:1 -2). En su carta a Timoteo Pablo escribió que las esposas de los diáconos o diaconisas, deben ser “honestas”, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo” (1 Tim 3:11). Pero aclaró que no quería  que ninguna mujer en la iglesia de Éfeso enseñara o tuviera autoridad sobre los hombres (2:12)

Entre otras mujeres líderes de la iglesia primitiva se incluye a Priscila, quien le explicó a Apolos “mas exactamente el camino de Dios” (Hch. 18:24 – 26). Evodia y Síntique eran dos líderes espirituales en Filipos. Pablo dijo “éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio” (Flp 4:3). Así que parece que estaban haciendo una obra similar a la que realizaba él mismo.

 

VI. RESUMEN

Una antigua historia judía demuestra cuán importante era la mujer en Israel. La historia dice que una vez un hombre fiel se casó con una mujer piadosa. No tenían hijos, así que con el tiempo acordaron divorciarse.  El esposo entonces se casó con una mujer impía y ella lo pervirtió. La mujer piadosa se casó con un impío y ella lo convirtió en justo. La moraleja de la historia es que la mujer pone el tono en el hogar.

La madre israelita  tenía un lugar importante en la vida de la familia. En alto grado ella podía ser la clave para el éxito de la familia o la causa de su fracaso. Ella podía tener incalculable influencia sobre su esposa e hijos.

La historia de Israel y su cultura, le debe mucho a estas mujeres esforzadas.

  

Tema Dos

A. LA MUJER MODERNA EN EL MOLDE DEL ESPIRITU SANTO

 Concepto del Apóstol Pablo

EFESIOS 5:21 Someteos unos a otros. El sometimiento mutuo en Cristo es un principio espiritual general que debe aplicarse en primer lugar a la familia cristiana. La sumisión, la humildad, la amabilidad, la paciencia y la tolerancia deben caracterizar a cada miembro. La esposa debe someterse (sujetarse con amor) al liderazgo del esposo, que es la responsabilidad de él en la familia. Los hijos deben someterse a la autoridad de los padres en obediencia. Y los padres deben someterse a las necesidades de sus hijos y criados en la instrucción del Señor

EFESIOS 5:22 Las casadas estén sujetas. Dios da a la esposa la tarea de ayudar y someterse al esposo. Su obligación con el esposo incluye:

  1. a.    El amor (Tít. 2:4)
  2. b.    El respeto (1P. 3:1 – 2)
  3. c.    La ayuda (Gn. 2:18)
  4. d.    La pureza (Tít. 2:5; 1 P 3:2)
  5. e.    La sumisión (1P. 3:5)
  6. f.     El desarrollo de un espíritu suave y apacible (1 P. 3:4)
  7. g.    El ser una buena madre (Tít. 2:4)
  8. h.    Ama de casa (1 Ti. 2:15; 5:14).

Dios considera el sometimiento de un mujer a su esposo “como parte de su obediencia a Jesucristo, como al Señor”

Tras establecer el principio fundamental de la sumisión (v 21). Pablo lo aplicó primero a la esposa. El mandato no tiene excepciones y se aplica a toda esposa cristiana sin consideración a sus propias capacidades, educación, conocimiento de las escrituras, madurez espiritual o cualquier otra cualidad que pueda compararse a las de su esposo. La sumisión no es para que el esposo la demande  sino que la esposa debe ofrecerla de forma voluntaria y amorosa. “Sus propios maridos” sirve para limitar la sumisión de la mujer a un solo hombre  que Dios ha puesto sobre ella, y también enseña que él pertenece a ella como una posesión personal e intima (Cnt. 2:16; 6:3; 7:10).

Ella se somete al hombre que posee como su propiedad exclusiva.  Como al Señor. Debido a que la sumisión espiritual suprema de la esposa  es al Señor en obediencia incondicional, su actitud consiste en someterse con amor como un acto de obediencia al Señor, quien a provisto de este mandato como su voluntad para ella, sin consideración de la dignidad personal de su marido o su condición espiritual.

EFESIOS 5:23 El marido es cabeza. Dios ha establecido la familia como el núcleo  de la sociedad. Cada familia debe tener quien la dirija. Por eso Dio ha asignado al esposo la responsabilidad de ser la cabeza de su esposa y de su familia. La responsabilidad que Dios le dio al esposo como “cabeza de la mujer”  incluye:

  1. La provisión para las necesidades espirituales y domésticas de la familia (Gn. 3:16 – 19)
  2. El amor, la protección y el interés en su bienestar de la misma manera que Cristo ama a la iglesia
  3. La honra, la comprensión, el aprecio y la consideración (Col 3:19; 1 P 3:7)
  4. La absoluta fidelidad a la relación matrimonial (Mt 5:27 – 28)

Cristo es cabeza. La esposa  llena en espíritu reconoce que el papel de su esposo que consiste en proveer liderazgo, no solo es ordenado por Dios, sino que es un reflejo de la autoridad de Cristo mismo, sobre la iglesia como su cabeza, y del amor con que él ejerce ese liderazgo. (Col 1:18; Tít. 2:4 – 5) 

Salvador Así como el Señor liberó a su iglesia de los peligros del pecado, la muerte y el infierno, el esposo hace provisión, protege, preserva y amaba a su esposa, mientras la dirige por medio de su sumisión a una vida bendecida. (Tít. 1:4; 2:13; 3:6)

1 TIMOTEO 2:9 Que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor  y modestia. Es la  voluntad de Dios que las mujeres cristianas se vistan  con modestia y discreción

  1. La palabra “modestia” implica que se sentiría vergüenza si se expusiera el cuerpo. Incluye no vestirse de manera que llame la atención el cuerpo y sobrepase los límites de pudor. La fuente de la modestia está en el corazón de la palabra. En otras palabras la modestia es la manifestación externa de una pureza interna
  2. Vestirse sin modestia, lo cual puede estimular deseo impuro en otros, es tan malo como los deseos inmorales, que provoca. Ninguna actividad o condición justifica el uso de vestuario inmodesto que pudiera exponer su  cuerpo de manera que estimule malos deseos en alguien  (Gá 5:13, Ef. 4:27)
  3. Es muy triste cuando se comenta de alguna iglesia  que hace caso omiso de las normas básicas de modestia en el vestido  y adopta las costumbres mundanas. En esta época  de tolerancia sexual, la iglesia de Cristo  debe actuar y vestirse de manera diferente a la sociedad perversa que echa a un lado y ridiculiza el deseo del espíritu de que haya modestia, pureza y moderación piadosa.

No con peinado ostentoso. Es posible que esto signifique el cabello trenzado con oro y otros artículos de lujo.

TITO 2:3 Ancianas. Aquellas mujeres que ya no tienen la responsabilidad de criar hijos, con una edad alrededor de los 60 años (1 Ti 5:3 – 10).

- Reverentes (1 Ti 2:9 -11, 15)

- No calumniadoras. Este término se emplea en 34 ocasiones para describir a Satanás, quien es el calumniador más grande que existe.

- Maestras del bien. Deben practicar y enseñar todo lo que agrade a Dios (Cp. 1:16), en particular las lecciones halladas en los vv. 4,5.

TITO 2:4 – 5 Las mujeres Jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos. Dios tiene un plan diseñado especialmente  para la mujer con relación a la familia, al hogar y a la maternidad.

  1. Dios quiere que la esposa y madre fija la atención  en su familia. El hogar, el marido y los hijos deben ser el centro del mundo de la madre cristiana; esa es la manera que Dios le ha asignado para dar honra a la Palabra de Dios (Dt. 6:7)
  2. Las tareas específicas que Dios le ha dado a la mujer con relación a la familia incluyen:

          a. Cuidar a los hijos de Dios le ha encomendado (1 Ti. 5:14) como servicio al Señor (Sal. 127:3; Mt. 18:5)

          b. Ser ayudante y fiel compañera de su marido. (Gn. 2:18)

          c. Ayudar al padre a educar a los hijos en cuanto  a su carácter piadoso  y a los oficios prácticos de la vida  (Dt. 6:7; Pr. 1:8 – 9)

          d. Ser hospitalaria (Is. 58: 6 – 8)

          e. Usar su arte u oficio para suplir las necesidades del hogar (Pr 31:13,15 – 16, 18 – 19,22,24)

          f. Cuidar en su hogar a los padres ancianos. (1 Ti 5:8; Stg 1:27)

  1. Las madres que desean que se cumpla el plan de Dios para su vida y su familia, pero por causa de necesidades económicas  tienen que buscar empleo fuera de hogar, deben confiarle sus circunstancias al Señor, mientras le piden que las ayude a encontrarla manera de cumplir  la función que Dios les ha dado en el hogar con sus hijos (Pr 3:5 – 6; 1 Ti 5:3)

¿Qué enseñar a las mujeres jóvenes?

Su propio ejemplo de piedad (v 3) da a las mujeres ancianas el derecho y la credibilidad para instruir a las mujeres más jóvenes en la iglesia. La implicación obvia de esto es que las ancianas deben ejemplificar las virtudes  (vv.4,5) sobre las cuales amonestan y enseñan:

a. Amar a sus maridos. Como las otras virtudes mencionadas aquí, ésta es incondicional, se basa en la voluntad de Dios y no en la voluntad del marido.

 b. TITO 2:5 Prudentes. Es decir, discretas y puras (1 Ti 2:9 – 11, 15; 1 P 3:3 – 6)  

 c. Cuidadosas de su casa. (1 Ti 5:14). Mantener con excelencia un hogar piadoso para el esposo y los hijos  es una responsabilidad de la mujer cristiana que no es susceptible de negociación.

 d. Sujetas. Las hijas del feminismo  radical eran parte integral de la mitología antigua de babilonios y asirios, así como el gnosticismo griego que se disperso por todo el imperio Romano durante el tiempo del Nuevo Testamento y que fue un peligro constante para la iglesia primitiva. El feminismo moderno no es nuevo ni progresista, sino que data de muchos siglos atrás y es regresivo.

Cualquier posibilidad de oprobio a las escrituras. Para que una persona se convenza de que Dios puede salvar del pecado, necesita ver a alguien que vive una vida santa. Si los cristianos afirman creer en la palabra de Dios pero no la obedecen, la palabra es deshonrada. Muchos han encarnecido a Dios y su verdad a causa de la conducta pecaminosa de los que afirman ser cristianos (Mt 5:13; 1 P 2:9)

El concepto del Apóstol Pedro

1 PEDRO 3:1 Maridos… sean ganados. Pedro dice a la esposa cómo debe comportarse para llevar a Cristo a su esposo inconverso.

  1. Debe someterse a su esposo y reconocer que él es cabeza de la familia
  2. Debe conducirse  de una manera respetuosa y pura con espíritu suave y apacible
  3. Debe tratar de ganar a su esposo más con su conducta que con sus palabras.

          En el capítulo 2 Pedro enseñó que para tener éxito en vivir como cristiano dentro de un mundo hostil se requería mantener relaciones correctas en dos lugares:

              a.  La sociedad civil (2:13 – 17)

              b. El lugar de trabajo (2:18 – 25).

          Al comienzo de este capítulo añadió otros dos lugares:

              a. La familia (vv 1 – 7)

              b. La iglesia local (vv 8 -9).

  1. Estad sujetas. Pedro insistió en que si los cristianos van a ser testigos del Señor, deben someterse no sólo al orden civil, sino también al orden social que Dios ha diseñado. Vuestros maridos. Las mujeres no son inferiores a los hombres en absoluto, así como los súbditos cristianos tampoco son inferiores paganos, ni los empleados a sus jefes no cristianos (Gal 3:28). Ahora bien, las esposas han recibido de Dios una serie de funciones que las ponen en sujeción al liderazgo que reside en el esposo como cabeza de hogar.
  2. Los que no creen a la palabra. “Creen” también se puede traducir “obedecen”. La obediencia se ha usado en esta carta para aludir a los creyentes y la desobediencia alude a los no creyentes, así que aquí Pedro habla de un marido no cristiano  en una cultura en la que las mujeres eran vistas como inferiores a los hombres, las posibilidades de conflicto y vergüenza en el matrimonio de un creyente y un incrédulo eran significativas, al igual que sucede en la sociedad contemporánea. Pedro no urgió a la persona cristiana a dejar a su esposo (1Co 7:13 – 16), a que predicara a su esposo, ni a que demandara sus derechos.
  3. Ganados… por la conducta de sus esposas. La sumisión en el amor y gracia por parte de una mujer cristiana a su esposo, no salvo es la herramienta evangelizadora más eficaz que ella posee. A la sujeción se añade modestia, mansedumbre respeto por el esposo (vv. 2 – 6).
  4. 1 PEDRO 3:2 Casta y respetuosa. La pureza de vida y la referencia a Dios es lo que el esposo no salvo debería observar todo el tiempo.
  5. 1 PEDRO 3:3 – 4 Vuestro atavío… El interno Los adornos exagerados son contrarios a la modestia que Dios desea para la esposa cristiana
  6. Suave y apacible. Dios valora mucho que la esposa cristiana tenga una disposición suave y apacible  (Mt 11:29; 21:5) que procura honrarlo al dedicarse a ayudar a su esposo y familia a cumplir la voluntad de Dios, para sus vidas. 

          a. El adjetivo “afable” describe la disposición modesta que se manifiesta en la sumisión amable u el interés por los demás (Mt 5:5; 2 Co 10:1)

           b. El adjetivo “apacible” se refiere a que no sea inquiera ni escandalosa. Es decir,  Dios afirma que la verdadera belleza tiene que ver con el carácter y no con los adornos exteriores.

  1. Fieles. Las esposas cristianas deben mantenerse fieles a Cristo y a su palabra en un mundo dominado por el materialismo, las modas que manipulan al público, la defensa de los derechos propios, la obsesión por el sexo, y el desprecio de los valores del hogar y de la familia.
  2. Reverentes. Pedro no condena aquí todos los atavíos externos. Su condenación va dirigida a la preocupación incesante con las apariencias y el descuido del carácter personal (v 4; 1 Tít. 2:9, 10). Toda mujer cristiana debe concentrarse en el desarrollo de ese carácter casto,  y reverente en la semejanza a Cristo.
  3. 1 PEDRO 3:5 Santas mujeres. Ciertas mujeres del Antiguo Testamento (en particular Sara, v. 6) son modelos de belleza interior, carácter, modestia y sumisión para su marido.
  4. 1 PEDRO 3:6 Sin temer ninguna amenaza. Una mujer que se dispone a sujetarse a su esposo, no salvo puede sentir ciertos temores en cuanto a  la dirección en que la pueda llevar esa sujeción. Sin embargo, la instrucción de Pedro a la esposa es que no sea intimidada ni temerosa, sino que en principio se sujete en todo a su esposo,  lo cual excluye cualquier coerción a peca, toda desobediencia a la palabra de Dios o la imposición de daño físico (Hch. 4:18 – 20; 5:28, 29; Tít. 1:16).

 

B. FEMINISMO ¿LIBERACIÓN O ESCLAVITUD?

Por otro lado, es importante reconocer los extremismos a que llegó la liberación femenina. Por ejemplo, muchas mujeres cayeron en el error de pensar que si el hombre  infiel tiene varias mujeres entonces ellas también tenían “derecho” a la promiscuidad sexual. Sin embargo la infidelidad  y la promiscuidad no constituyen ningún derecho, no importa de quien se trate.

El Nuevo Testamento establece claramente la relación monogámica (una esposa y un esposo) de acuerdo al modelo original de Génesis, el cual citó Jesús en sus enseñanzas al respecto. Otro error de la liberación femenina que paradójicamente resulto en una doble esclavitud, fue el concepto de “equidad en el trabajo”.

Se afirmaba que si el hombre trabajaba fuera de la casa, la mujer también tenía derecho a trabajar fuera de casa, pero con la epidemia de divorcios que caracterizó esa época, dicha mentalidad provocó que muchas mujeres terminaran teniendo doble responsabilidad: proveer para las necesidades económicas de su familia y encima la crianza de lo hijos al mismo tiempo ¿Fue esto igualdad, fue una propuesta inteligente?

Está comprobado que la mujer en el mercado laboral ingresa aproximadamente el 90% de su dinero al hogar, mientras que el hombre aporta solo el 50% de sus ingresos al gasto familia. Este doble papel de la mujer “liberada” es muy bien recibido por maridos flojos y abusivos, que evaden su responsabilidad. Y como decía anteriormente algunas demandas del movimiento feminista son justas, como, por ejemplo, que el salario que se le da a una mujer por el mismo trabajo que hace un hombre debe ser igualmente remunerado, cosa que hasta la fecha sigue sin ser resuelta. Está documentado que en igualdad de obligaciones laborales, a la mujer se le da menos sueldo que al hombre en muchas empresas, lo mismo entre países “primer” que del “tercer” mundo.

 

C. CINCO MODELOS DE AUTORIDAD

El primer modelo en que podemos ejercer la autoridad es en amor y servicio. Es el que hemos venido planteando en este capítulo. Esa autoridad implica servicio, compromiso y responsabilidad.  Es una forma de vivir y relacionarse con quienes nos rodean en la familia. No buscar ser servidos sino ayudar clasificadamente a sacar adelante en la vida a los nuestros. Es hacerse responsable como líder de todo lo relacionado con nuestra familia. Es usar todos los modos legítimos a nuestro alcance para gobernar el hogar y hacer de él un espacio en el que cada miembro de la familia pueda desarrollarse sanamente. Es buscar, hasta encontrar, la ayuda de Dios

LA “AUTORIDAD” ANARQUICA

En segundo lugar podemos hablar de la autoridad permisiva, que puede darse en muchas formas, en la Anarquía cada miembro de la familia hace lo que le viene en gana, ninguno de los padres establece claramente límites a la conducta de nadie (a menudo ni a la propia). Este modelo es un extremo y crea un vacío de autoridad. Los resultados son terribles: Hogares desintegrados, jóvenes desorientados y adictos al alcohol o a las drogas, matrimonios que fracasan pronto.

La  “autoridad” anárquica, tiene otras formas de manifestarse, por ejemplo, está aquella en que la falta de dirección se debe a la ausencia física de los padres, pues siempre tienen algo que hacer y no dedican tiempo de calidad para convivir y criar a sus hijos. Hay iglesias y familias de creyentes, donde esto es común. Es algo paradójico, porque el conocimiento de Cristo y su palabra, debería cambiar nuestra actitud hacia los hijos y hacernos sensibles a sus necesidades. Un par de ejemplos: Cuando el padre o la madre de hijos pequeños o adolescentes, no tiene tiempo para su familia porque se dedica a mil actividades religiosas o cuando la madre se halla tan comprometida con la oración o con obras de ayuda a los demás de misericordia, pero olvida la actividad más importante: Hacer misericordia en su propia casa, confunde y daña profundamente a los hijos. Es necesario un balance.

AUTORITARISMO Y ABUSO DE AUTORIDAD

El tercero es el autoritarismo que es el modelo en el cual se utiliza la autoridad que Dios delega en nosotros para obtener provecho personal. Esto constituye un grave pecado. La autoridad se manipula con fines explotativos en vez de usarse para proteger y ayudar. Enfatizo que la autoridad es para construir relaciones y hacer crecer a la persona espiritual, emocional e intelectualmente. El autoritarismo en cambio, destruye a quienes nos rodean y fomenta la desconfianza en todo tipo de autoridad, sea civil, familiar o espiritual.

La autoridad de los padres ha sido dada por Dios y se debe ejercer, no hacerlo es dejar desprotegidos a los hijos, lo mismo aplica para el esposo con la esposa. Pero se debe de hacer todo en el contexto del amor. Si tu hogar a estado de cabeza  y quieres que se restaure, tienes que empezar por tomar tu papel de servidor y luego ser valiente y firme para ejercer la autoridad en amor. Y comenzar así a cambiar gradualmente el rumbo de las cosas.

Efesios 6:4 contiene lo que se ha denominado el gran mandamiento de Dios  para los padres al ejercer autoridad. “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”

LA AUTORIDAD BASADA EN EMOCIONES

El cuarto es la autoridad basada en emociones que depende esencialmente del estado de ánimo de quien la ejerce. En ocasiones  es dulce y amable, pero en otras se ejerce irracionalmente o con insensibilidad. A veces es muy exigente y luego se vuelve permisiva. Este tipo de autoridad desorienta en extremo a los hijos y los daña de manera permanente, les genera confusiones, frustración y pérdida de respeto por las figuras de autoridad. Las personas con este tipo de conducta deben recordar que Cristo Jesús no puso sus problemas personales antes que su responsabilidad, ni eran sus estados de ánimo los que dictaban lo que estaba bien o mal.

La autoridad temperamental se presenta con cierta frecuencia en las mujeres que tienden a depender de su estado de ánimo para dirigir el hogar. En tales casos, un día se conducen como ogros y otro consentidoramente. El típico latino es, en este sentido, bastante femenino, pues si hay otro grupo social que aplique la autoridad en forma caprichosa debido a sus frustraciones o triunfos son los “machos”.

Un problema común en el hogar es cuando los padres se acostumbran a ver sus problemas como lo único que tiene importancia, olvidándose de que sus hijos también tienen dificultades y por ello requieren de comunicación, supervisión, cuidado y atención.

PATERNALISMO Y MATERNALISMO

El quinto es el Paternalismo y maternalismo. Esto es algo frecuente a causa del aumento de los divorcios. Cuando los padres sientes culpa y ven a sus hijos como víctimas de una ruptura matrimonial, tienden a querer compensar las carencias afectivas que produjeron con actitudes de consentimiento que son perjudiciales

CONCLUSION

El ejercicio de la autoridad requiere mucha sabiduría, pues si se exige más de lo debido, con el espíritu incorrecto, se cae en autoritarismo,  y si se exige menos se cae en paternalismo. Definitivamente necesitamos de la ayuda de Dios para esta labor. El ejercicio responsable  de la autoridad requiere asumir plenamente el Rol que nos toca, no lo podemos evadir. Requiere también mucha concentración y la motivación correcta: Amor.

Tema tres

LA HUELLA DE LA MUJER EN LA OBRA DE DIOS

LA AYUDA IDÓNEA

En una encuesta para determinar quién era la persona más influyente en sus vidas, el 85% de los que respondieron dijo que había sido una mujer. Se citó a esposas, madres, abuelas, profesoras y maestras de escuela dominical.

En este tema vamos a considerar el papel múltiple que una mujer puede desempeñar como persona como esposa y como madre

¿Cuáles son las cualidades que hacen de una mujer una esposa y madre virtuosa?

1. Sus cualidades como mujer.

a.     Espiritualmente fuerte. Mujer virtuosa es aquella que posee calificaciones espirituales para su trabajo. La base para desarrollar un carácter sano, firme y fuerte, se establece cuando la mujer permite que Dios sea el Señor y salvador de su vida (Pr 31:30)

 b.    Moralmente firme. (Pr. 31:11 – 12) Esta cualidad se refiere a su habilidad para administrar la casa y mantener a todos los elementos de la familia y las cosas, en orden. Nunca haría nada que deshonrara el nombre del hombre con quien, voluntariamente ha decidido vivir “todos los días de su vida”

 c.     Físicamente fuerte y agradable. Se mantiene en buen estado físico. En grado considerable el estado de salud de una persona refleja su carácter y condición al estado de ánimo para el desempeño de sus tareas. El versículo 22 de proverbio 31 habla de su apariencia que infunde su manera de vestir.

2. Cualidades como esposa. 

a.     Se preocupa por el bienestar de la familia. Toda buena esposa desea dar bien y no mal a su marido; sin embargo, muchas veces no resulta así por la falta de adecuada consideración y sabiduría cuando se piensa, se dice y se hace. La esposa virtuosa dice y hace aquello que ha meditado y ha considerado seriamente.

b.    Se preocupa por proveer alimento (Pr. 31:13 – 14) Es una persona hacendosa, sabe hacer su tiempo, su talento y sus manos de manera que es una ayuda idónea para su esposo en el sostenimiento del hogar. La figura, “como un barco mercante” (Pr 31:14) Describe a la mujer que vuelve a casa trayendo lo que necesita su familia. 

c.     Se preocupa por proveer abrigo. Esta ayuda idónea se esfuerza porque la ropa que usa su familia sea la adecuada para protegerles. Además se preocupa porque su esposo y sus hijos estén vestidos de manera limpia y agradable.

 d.    Se preocupa por proveer seguridad. (Pr. 31:15 – 17) Es una mujer que tiene la energía para trabajar hasta altas horas de la noche, si es necesario, para asegurar todo lo necesario para su  familia y para otras personas que dependan de ella. Conoce tanto del momento oportuno para hacer negocios como el de plantar las semillas que garantizaran la seguridad de los suyos. Una mujer así bien puede reírse con toda confianza de los imprevistos del porvenir.

3. Sus cualidades como madre. 

a.     Es una buena consejera. Los versículos del 1 – 7 de este capítulo 31de proverbios contienen algunos de los diversos consejos de esta madre a su hijo

b.    Es un buen ejemplo. Una cosa es hablar y otra actuar de tal manera que los hechos respalden las palabras. Afortunado es el hijo que recuerda las palabras de su madre diciéndole: “Defiende al pobre y al necesitad” (Pr. 31:9) y también la ve que “extiende sus manos al pobre y tiende sus manos al necesitado” (Pr. 31:20). Cuando el hijo compara a su madre con otras mujeres, describe con alegría que hay muchas buenas y honorables pero que su madre las aventaja a todas (Pr. 31:9)

c.     Es una fuente de inspiración. Por eso van a visitarla: Para expresarle su gratitud (Pr 31:28) y alabarla por sus hechos.

 

CÓMO ELEGIR LA PAREJA 

1. Debe buscarse la dirección de Dios para elegir la pareja. Abraham estaba convencido de que Dios tenía preparada una esposa para su hijo Isaac. La gran pregunta era: ¿Cómo identificarla? El criado de Abraham hizo dos cosas: Oró a Dios y estableció señales objetivas. Isaac, por su parte se mantuvo en una actitud de oración  y meditación.

2. Es importante que ambos compartan los mismos intereses religiosos. La familia de Abraham era temerosa de Dios. La esposa para Isaac tenía que ser alguien que tuviera la misma fe en el Dios de Abraham. ¡Cuán esencial es esto!.

Cuando los padres de la señorita oyeron la propuesta de matrimonio para su hija, afirmaron: “He aquí que Rebeca está delante de ti… sea ella la mujer del hijo de tu Señor, como ha dicho Jehová” No había duda alguna. Dios había expresado su voluntad y los había guiado para encontrarse.

Cuando leemos lo que pasó después con está pareja, aprendemos que ambos tenían muchas debilidades, pero su fe en Dios los mantuvo unidos el uno al otro hasta la muerte.

3. Es importante que ambos compartan los mismos intereses sociales. Por intereses sociales entendemos varios asuntos: En primer lugar, los padres de ambos jóvenes estuvieron de acuerdo. En la práctica, el no tener la profesión de los padres, generalmente trae mucha angustia y frustración a la pareja, cuando los padres no están de acuerdo es aconsejable preguntarse ¿Por qué? Hay que averiguar la razón y tomarla seriamente en cuanto. Si sus razones son mezquinas o injustas, y la pareja siente que sus propias razones son aprobadas por Dios, debe orar para que Dios cambie la opinión de sus padres. En tales casos el comportamiento responsable, maduro y serio de los jóvenes muchas veces hará cambiar a los padres.

En segundo lugar, los gustos acerca de la recreación, las comidas, el sentido del buen humor y la disposición hacia el trabajo deben ser bastante similares. Quizás, aparte del trabajo, todas estas cosas son las que disfrutamos juntos como pareja y deben ser avenidas de acercamiento mutuo.

En tercer lugar, debemos preguntarnos: “­¿Amo o no amo a la persona con quien pienso casarme?” Esto es importante, la belleza física, cuando vienen los tiempos difíciles y las crisis de la vida, nuestra pareja es lo único que nos queda. En el relato de Isaac se nos cuenta que cuando murió su madre Sara, él “tomó a Rebeca, que vino a ser su mujer, y él la amó. Así se consoló Isaac cuando murió su madre”. Solamente un gran amor puede darnos la capacidad de sostener a nuestra pareja en tiempos de soledad, crisis o enfermedad.

4. Es importante que ambos compartan los mismos valores morales. Los que van a casarse deberían considerar seriamente esos valores morales. Entre ellos esta: El respeto que la otra mitad de la pareja demuestra hacia otras personas. Por ejemplo: ¿Demuestra interés? ¿Habla con amabilidad y cortesía, o abusa y maltrata a las personas? ¿Se considera superior a otros y hace alarde de su astucia, capacidades e inteligencia? Otro valor importante es el trabajo. ¿Lo considera la pareja como un asunto serio y lo cumple con fidelidad? ¿Y qué de la manera de gastar el dinero? Sabido es  que la infidelidad matrimonial y los problemas de la administración del dinero son las dos causas mayores de malos entendidos y separaciones. 

Un valor que no debe pasarse por alto es el de la vida espiritual ¿Es importante para la otra persona el ser cristiano? ¿Son compatibles los dos en cuanto a estar activos en la obra del Señor, y comprometidos con la iglesia y sus programas? ¿Están de acuerdo en las creencias básicas que menciona la Biblia? Si la pareja no comparte estos valores, su unión estará asentada en bases muy débiles.

 

¿CÓMO SABER SI TUS HIJOS SON REALMENTE TU PRIORIDAD?

Vamos a conocer ahora as 6 características de los padres que no vuelven su corazón a la familia, el propósito es evaluarnos para tomar la decisión correcta. Para estos ser honestos con nosotros mismos es muy clave.

  1. Evadir la responsabilidad de educar a tus hijos
  2. Cuando trasmites a tus hijos conceptos equivocados o superficiales, sobre el mundo, sobre el pecado y sobre Dios
  3. El concepto distorsionado que muchos niños tienen del carácter de Dios
  4. Cuando no tienes una visión a futuro para ellos.
  5. Cuando tus hijos tienen un carácter y hábitos personales mal formados
  6. Una relación deficiente entre padres e hijos: Un principio por el cual puedes saber si existe una buena relación con tus hijos es identificar el grado de confianza que te tienen. Es muy importante ser honestos y preguntarnos: ¿Realmente me tienen confianza mis niños? ¿Soy la persona a la que naturalmente le confían sus inquietudes íntimas? ¿Desean ellos pasar tiempo conmigo? Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es negativa, significa que no has vuelto tu corazón hacia ellos. Por eso no existe la debida confianza en la relación

REFLEXIÓN 

  1. El compañerismo: La mejor solución para la soledad
  2. La felicidad: La mejor solución para la desdicha
  3. La procreación: La mejor solución para la continuidad
  4. La buena formación  de los niños: La mejor solución para una sociedad mejor.
  5. El entendimiento del Reino de Dios: La mejor solución para la propagación de la fe
  6. Mi matrimonio es bueno, y haré lo posible para que sea mejor
  7. Nuestra vida matrimonial es aburrida. No debo esperar solamente cambios de mi pareja: Yo procuraré ser mejor.
  8. No podemos tener hijos; posiblemente debemos empezar a pensar en la adopción
  9. Nuestro matrimonio no alcanza ninguno de los propósitos aquí presentados, pero me esforzaré para lograrlo
  10. Yo soy creyente en Cristo, pero mi cónyuge no lo es, y se disgusta cuando guío a nuestros hijos a orar y leer la Biblia. Procuraré, con buenas razones, que entienda el beneficio de hacerlo. Oraré persistentemente por mi cónyuge.
  11. Frente a la infelicidad de mi matrimonio, intentaré la reconstrucción una vez más.